4 de noviembre: Día de San Carlos Borromeo, Patrono de los Seminaristas.
Es entonces un día especial para todos los seminaristas, un día para mirar a San Carlos Borromeo y ver qué podemos aprender de este discípulo misionero de Jesús, que amó de un modo particularísimo a los más pobres. Tanto es así, que esto hizo que lo llamaran padre de los pobres. Es fácil poder imaginar, entonces, cómo serían sus actitudes y testimonio de vida para que se ganara semejante título de honor para un cristiano.
La vida de este gran santo, puede dar mucha luz a quienes se preparan para el sacerdocio. El famoso escultor Manuel Vilar, describió interiormente a San Carlos Borromeo modelando en yeso, a un hombre de avanzada edad y desgarbada apariencia que abraza con ternura a un hermoso niño, quien levanta su rostro y observa al anciano con admiración. El escultor catalán se detuvo en develar la belleza interior de ambas figuras y la bondad que hizo famoso a San Carlos Borromeo, motivo por el cual fue adoptado como el patrono de los seminaristas, como así también, de otras instituciones educativas y artísticas.
Quizás podamos mirar hoy a San Carlos Borromeo y aprender de él precisamente la bondad. La bondad con la que se ganó un título de honor entre los privilegiados del Señor, los más pobres y que tenemos que cultivar todos. Bondad en la que debe distinguirse un seminarista que aspira a configurarse poco a poco con su Maestro y Señor.
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